!A darle que es mole de olla!

Por qué ser inmigrante es un superpoder

¿Cuántas expresiones tenemos para decir que vamos a entrarle a algo que no sabemos hacer o que es peligroso o que tiene un final incierto? Echando a perder se aprende, al chile, hacerle la lucha, y algunas más altisonantes que mejor ahorita no. Y la variedad es evidencia del super poder que tenemos como inmigrantes y mexicanos para hacer lo imposible.

Hongos donde menos los esperas. Fue una sorpresa ver hongos, tipo casa de pitufo, creciendo sobre la alfombra de un dormitorio universitario en Michigan que mi cuate y yo teníamos que limpiar. Era el único trabajo que pude conseguir con mi visa de estudiante y al abrir la puerta vi un caminito de hongos, como de cinco pulgadas de altura, grisáceos, reflejantes y asquerosos. Habían originado de la unidad goteante de aire acondicionado al fondo de la sala y venían creciendo en una hilera recta hasta la puerta. Los cortamos y limpiamos la alfombra lo mejor que pudimos, pero hasta la fecha no se si eliminamos o solo demoramos a los honguitos. Lo que sí sé es que más tarde, ese mismo verano, se me ocurrió quitarme los tenis y calcetines que había empapado limpiando otro departamento y terminé de limpiar el depa descalzo. Ya te imaginarás lo que me pasó. Pero cuando menos nadie se enteró.

“F%#k!” Lo dije al aire y en vivo en la radio. En otras circunstancias me hubieran corrido, pero estoy convencido de que el ingeniero de la estación era el único empleado escuchándonos a la 6:00 a.m. Aquel día debuté como suplente del noticiero matutino y estaba en la transición entre las noticias locales que debía leer, los anuncios grabados que yo tenía que activar y el volumen de cada canal. Bueno, pues no le bajé el volumen a mi micrófono cuando subí el de los anuncios pero en el espacio de dos o tres segundos de aire muerto que dejé me salió el cobre y maldije al aire. Un oso, claro, pero por lo menos no le hice daño a nadie.

Se pudieron haber quedado ciegos si me hubieran hecho caso. Pónganse lentes de contacto, le dije a mi director de fotografía, un chavo más miope que yo y sin experiencia alguna en zonas de conflicto. Yo ya había estado en zonas de conflicto y en protestas violentas. Pero siempre supe guardar la distancia adecuada para evitar el gas lacrimógeno y el llamado “pepper spray.” Cuando fuimos a Dakota del Norte para hacer un documental sobre el campamento indígena que se plantó en oposición al oleoducto en Standing Rock, mi mal consejo le pudo haber costado la vista a mis colegas. Buen consejo si tienes que correr cargado de equipo pesado, mal consejo si te echan químicos peligrosos en los ojos. Gracias a Dios, hicimos el documental sin incidente pese a los policías, mercenarios, drones y tanquetas que tenían cercado el campamento.

“¡Aprende a hacer todo! Tienes que saber escribir, hacer radio, video, editar, producir y hacer redes.”

Ese fue el consejo que me dio mi amigo Brent Walth, periodista con dos Pulitzers, cuando le pregunté cómo reintegrarme a la industria del periodismo tras varios años fuera.

Nunca fui el mejor. Siempre hubo alguien que leyera en vivo sin errores, que tuviera mejor ojo fotográfico o instinto periodístico que yo. Gente más apuesta, más carismática y con más talento natural que yo.

La mayoría de mis compañeros periodistas no sobrevivieron los recortes masivos que ha sufrido nuestra industria. ¿Pero por qué yo sí?

Si eres mexicana o mexicano en Estados Unidos, seguro que ya traes la respuesta a flor de boca. Tú, como yo, te has reinventado en otro idioma, en una sociedad diseñada para subordinarnos y en una cultura que valora más tu trabajo que tu bienestar. Dime, ¿alguna vez te han añadido responsabilidades en el trabajo que ni venían en tu contrato ni sabías cómo hacerle y de todos modos le entraste?

¡A darle que es mole de olla!

Échale de todo hasta que salga bien. Esa actitud de encajar en grupos sociales que ya estaban formados antes de que llegaras, de aprender a hacer bromas sin el contexto cultural y de lanzarte a cualquier chamba que te ofrezca la oportunidad de salir adelante, esa actitud, captada en un dicho muy mexicano, es la razón por la que tú y yo y millones como nosotros salimos adelante en Estados Unidos.

Sin adentrar demasiado, ahí te van tres números:

  • Mexicanos indocumentados en EU contribuyen más que el total de muchas corporaciones grandes juntas. $29-$40 billones de dólares en impuestos.

  • Mexicanos inmigrantes con papeles contribuyen impuestos a niveles más altos que los ciudadanos estadounidenses. $29-$45 billones al año si tomas en cuenta que son el 22-24% de la población inmigrante documentada.

  • Mexico-americanos contribuyeron $2.5-$2.8 trillones al año en desempeño económico. Es decir, de los $4.4 trillones que contribuyen los latinos, los mexicanos produjimos 58-60%.

Es nuestro superpoder. Yo, aprendí como filmar en áreas militarizadas y a mantener seguro a mi equipo. Aprendí que siempre hay que apagar el micrófono cuando no estoy hablando y a siempre suponer que está prendido. Y claro, aprendí a no andar descalzo en lugares cuya limpieza no conozco. Mínimo calcetines ¿no?

Lo que allá se pudo, ¿por qué no acá? Si allá producimos y contribuimos aun más que los ciudadanos, cuánto más podrás armarla acá, en tu país, tu idioma, donde fisicamente encajas con el resto de la población y donde muchas de tus habilidades, como el inglés, las certificaciones profesionales y los nexos con comunidades en Estados Unidos se valoran más alto.

Y claro, no sale sobrando que en cualquier fondita, literal, te puedes echar un rico mole de olla.

¡Así es que a darle!

Mariano Avila

Mariano es el periodista binacional creador de Retache. Después de 30 años de vida y carrera en los Estados Unidos, retornó a México, donde encontró que la narrativa sobre personas en retorno o era de víctimas o simplemente existía al margen de la sociedad mexicana. Creó Retache para elevar las experiencias de retorno a México mientras navega su propia jornada de reintegración.

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